"PLATÓN CUENTA QUE, FRENTE A LAS COLUMNAS DE HÉRCULES EXISTÍA UNA GRAN ISLA, DESDE LA CUAL LOS VIAJEROS PODÍAN PASAR A OTRAS ISLAS Y DE ALLÍ A UN CONTINENTE MUCHO MÁS VASTO"

Atlántida o “Poseidonia” estaban formadas por acantilados de rocas negras, blancas y rojas, y que el terreno aparecía muy escarpado en las zonas lindantes con el mar. Había ciudades de suntuosas mansiones por doquier y en el centro de la isla se levantaba la capital. Bella sobre toda ponderación era Poseidonis, la ciudad que tenía el mismo nombre que la isla, famosa por sus puertas de oro y rodeada por un triple cinturón de canales, que lucía bajo el sol de los trópicos, orgullosa, sus palacios y sus ricos templos abundantes en oro y oricalco. Los Atlantes, sigue Platón, emprendieron numerosas guerras y, tras diversos intentos, penetraron en el continente. Pero los ejércitos egipcios les asestaron duros golpes y a las puertas de Tebas sufrieron las cohortes invasoras una grave derrota, a consecuencia de la cual se les reconquistó el país de Libia. Entonces, los Atlantes se replegaron se replegaron hacia el litoral de la Egeida (Hélade), donde los esfuerzos combinados de griegos y gétulos les rechazaron hasta los mismos confines de su Imperio. Poco después, violentas inundaciones y espantosos temblores de tierra, devastaron aquellas regiones y, en el corto espacio de un solo día y una sola noche, la Atlántida desapareció bajo las aguas, sin dejar más rastro que algunas islas de reducida extensión. Esta es, a muy grandes rasgos, la leyenda platónica. PALOMA DE MIGUEL, Revista “ESFINGE” nº 40 PLATÓN, Critias o la Atlántida.

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